Superar el Trauma: ser dueños de nosotros mismos

Extraído de: El cuerpo lleva la cuenta. Bessel van der Kolk, M.D

 

No voy a terapia para descubrir si soy raro,

voy y encuentro una respuesta cada semana,

y cuando hablo de la terapia, sé lo que piensa la gente,

que solo te vuelve egoísta y hace que te enamores de tu psicólogo.

Pero, oh, cómo amé a todos los demás

cuando finalmente logré hablar tanto sobre mí mismo.

-Dar Williams, What Do You Hear in These Sounds

 

Heridas-emocionales-infancia-e1467875471577Nadie puede «tratar» una guerra, un maltrato, una violación, un abuso sexual, o cualquier otro acontecimiento horrendo, en este sentido. Lo que ha sucedido no se puede deshacer. Pero lo que sí que se pueden tratar son las huellas del trauma en el cuerpo, la mente y el alma: las sensaciones aplastantes en el pecho que podemos etiquetar como ansiedad o depresión; el miedo a perder el control; estar siempre en alerta ante el peligro o el rechazo; el odio hacia uno mismo; las pesadillas y los flashbacks; la niebla que nos impide concentrarnos y dedicarnos totalmente a lo que estamos haciendo; la incapacidad de abrir por completo nuestro corazón a otro ser humano.

El trauma nos arrebata la sensación de control sobre nosotros mismos. El reto de la recuperación es volver a adueñarnos de nuestro cuerpo y de nuestra mente, de nosotros mismos. Esto significa sentirnos libres de saber lo que sabemos y de sentir lo que sentimos sin acabar abrumados, enfadados, avergonzados o colapsados. Para la mayoría de las personas, ello implica:

  1. Encontrar el modo de permanecer tranquilos y centrados,
  2. Aprender a mantener esta calma ante imágenes, pensamientos, sonidos o sensaciones físicas que nos recuerdan el pasado,
  3. Encontrar el modo de estar completamente vivos en el presente interactuando con las personas que nos rodean,
  4. No tener que guardar secretos sobre nosotros mismos, incluyendo secretos sobre las cosas que nos han permitido sobrevivir.

Estos objetivos no son etapas que haya que superar, una a una, en una secuencia fija. Se superponen, y algunos pueden ser más difíciles que otros, dependiendo de las circunstancias individuales.

……

UN NUEVO ENFOQUE SOBRE LA RECUPERACIÓN

Cuando hablamos del trauma, solemos empezar con una historia o una pregunta: «¿Qué sucedió durante la guerra?», «¿Sufrió tocamientos alguna vez?», «Le hablaré sobre ese accidente o esa violación», o «¿Tenía alguien de su familia problemas con la bebida?». Sin embargo, el trauma es mucho más que una historia sobre algo que sucedió hace mucho tiempo.

Las emociones y las sensaciones físicas que quedaron impresas durante el trauma se experimentan no como recuerdos, sino como reaccione físicas perturbadoras en el presente.

‘Para recuperar el control sobre nosotros mismos, debemos retomar el trauma: tarde o temprano, deberemos enfrentarnos a lo que nos ha sucedido, pero solo cuando nos sintamos seguros y cuando no nos vuelva a traumatizar. La primera consigna es encontrar el modo de manejar la agitación provocada por las sensaciones y las emociones asociadas con el pasado.

… Los motores de las reacciones postraumáticas se encuentran situados en el cerebro emocional. A diferencia del cerebro racional, que se expresa mediante pensamientos, el cerebro emocional se manifiesta mediante reacciones físicas: dolor de tripas, latidos acelerados, respiración rápida y superficial, sensaciones de desgarro, hablar con un hilo de voz o con la voz tensa, y los característicos movimientos corporales que significan colapso, rigidez, rabia o estar a la defensiva.

¿Por qué no podemos ser razonables? Y ¿puede ayudar la comprensión? El cerebro racional y ejecutivo puede ayudarnos a comprender de dónde vienen los sentimientos (por ejemplo, «Me da miedo acercarme a un chico porque mi padre abusaba de mí» o «Me cuesta expresar mi amor a mi hijo porque me siento culpable por haber matado a un niño en Irak»). Sin embargo, el cerebro racional no puede suprimir las emociones, las sensaciones o los pensamientos (como vivir con una sensación de amenaza o sentir que somos fundamentalmente una persona horrible, aunque racionalmente sepamos que no debemos sentirnos culpables porque nos hayan violado). Entender por qué nos sentimos de cierta manera no cambia cómo nos sentimos. Pero puede evitar que nos rindamos ante reacciones intensas (por ejemplo, atacar a un jefe que nos recuerda a nuestro abusador, romper con nuestra pareja al primer desacuerdo o saltar a los brazos de un extraño). Sin embargo, cuanto más exhaustos estamos, más deja paso nuestro cerebro racional a nuestras emociones.

TERAPIA DEL SISTEMA LÍMBICO

La cuestión fundamental para superar el estrés traumático es restablecer el equilibrio adecuado entre los cerebros racional y emocional, para poder sentir que mantenemos el control de nuestra respuesta y de nuestro comportamiento en la vida. Cuando nos vemos empujados a estados de híper o hipoactivación, quedamos fuera de nuestra «ventana de tolerancia», el abanico de funcionamiento óptimo.  Nos volvemos reactivos y desorganizas, nuestros filtros dejan de funcionar: los sonidos y las luces nos molestan, nos viene a la mente imágenes indeseadas del pasado y nos dan ataques de pánico o de ira. Si estamos desconectados, tenemos el cuerpo y la mente insensibilizados; nuestro pensamiento se vuelve lento y nos cuesta movernos de la silla.

Mientras estamos hiperactivados o desconectados, no podemos aprender de la experiencia. Aunque logramos mantener el control, nos ponemos tan tensos (en Alcohólicos Anónimos lo llaman «sobriedad forzada») que nos volvemos inflexibles, testarudos y deprimidos. Superar el trauma significa recuperar el funcionamiento ejecutivo y, con él, la autoconfianza y la capacidad de diversión y creatividad.

Sí queremos cambiar las reacciones postraumáticas, debemos acceder al cerebro emocional y hacer una “terapia del sistema límbico”; reparar los sistemas de alarma defectuosos y restaurar el cerebro emociona para que vuelva a su tarea ordinaria de ser una presencia de fondo silenciosa que se ocupe de la intendencia del cuerpo, asegurándose de que comemos, dormimos, conectamos con nuestra pareja, protegemos a nuestros hijos y nos defendemos contra el peligro.

El neurocientífico Joseph LeDoux y sus compañeros han demostrado que la única manera de acceder conscientemente al cerebro emocional es mediante el autoconocimiento; es decir, activando la corteza prefrontal medial, la parte del cerebro que detecta lo que sucede en nuestro interior y que, por tanto, nos permite sentir lo que estamos sintiendo (el término técnico es «interocepción», palabra en latín que significa «mirar dentro»).

La mayor parte de nuestro cerebro consciente se dedica a centrarse en el mundo exterior: llevarnos bien con los demás y hacer planes de futuro. Sin embargo, esto no nos ayuda a manejarnos a nosotros mismos.  La investigación neurocientífica ha demostrado que la única forma de cambiar cómo nos sentimos es siendo conscientes de nuestra experiencia interior y aprendiendo a ser amigos de lo que sucede en nuestro interior.

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